Vendimia y tradición
Por qué el año en el Douro empieza en septiembre
Pregunta a cualquiera de fuera del Douro cuándo empieza el año y te dirá que en enero. Pregunta a alguien que haya crecido aquí y te dirá que empieza con el primer racimo cortado de la cepa, lo que casi siempre significa septiembre.
Nací en septiembre, en plena vendimia, y nunca lo he visto como una casualidad. En el valle, septiembre no es un mes como los demás. Es el mes en que todo aquello por lo que se ha trabajado durante once meses se pone por fin a prueba. La poda, los tratamientos, las largas subidas por los bancales bajo el calor para revisar si hay podredumbre o mildiu: todo se reduce a unas pocas semanas en las que las uvas se cortan, se cargan y se pisan.
Un calendario escrito en la ladera
Los bancales del Douro, los muros de piedra escalonados por los que el valle es famoso, no están ahí solo para sujetar la tierra. Marcan cómo se vive el año. Todo lo anterior a septiembre es preparación. Todo lo que ocurre en septiembre es vendimia. Y todo lo que viene después es el trabajo lento y paciente de convertir el mosto en algo que merece años de espera.
Por eso Port Perfection no empieza con una copa de vino, una nota de cata o una bodega. Empieza con la vendimia, porque es desde ahí desde donde se cuenta una vida en el Douro.
«No crecí aprendiendo sobre el Oporto. Crecí viviendo dentro de él, y ahora comparto todo lo que me ha dado».
Si solo conoces el Oporto como una botella en una estantería, es fácil que todo esto pase desapercibido. Pero cuando entiendes que todo el ritmo del valle gira en torno a unas semanas de septiembre, mucho de lo que hace especial al Oporto (la paciencia, la implicación de la familia, la sensación de que se elabora y no se fabrica) empieza a tener otro sentido.